domingo, 26 de febrero de 2017

De como unos barriles de aguardiente provocaron la batalla más estúpida de la historia

Las tropas otomanas no daban crédito a lo que veían sus ojos, sabían que cerca de la ciudad de Karansebes (actual Rumanía) iban a encontrarse con las tropas del ejército del Sacro Imperio Romano Germánico del Emperador Jose II de Habsburgo, sabían que sería un duro choque, pero lo que tenían ante si en ese momento eran los despojos de lo que parecía una gran batalla.

José II de Habsurgo, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

Miles de hombres yacían en una explanada no muy lejos de la ciudad, muertos o medio moribundos, y lo que tenían claro es que ellos no habían tenido nada que ver en esa carnicería. Pensaban en como podía haber ocurrido aquello, pero ni el más ingeniosos de los turcos podría haber adivinado como sucedieron los hechos.
Todo ocurrió el 17 de septiembre de 1788, dentro de la guerra Turco-Ruso entre Catalina la Grande y el Sultán Abdul Hamid I que abarcó los años 1787-1792.
Jose II El Emperador germánico entró en la contienda a favor de sus aliados rusos, y formó un ejército de unos 100000 hombres para detener a los otomanos antes de que estos cruzaran las fronteras del Danubio, y así poder erigirse como el salvador de Europa contra los infieles musulmanes.

Recorrido del Danubio 

Al llegar a la ciudad de Karansebes en la zona de Banato al no tener noticias del ejército enemigo, decidió enviar una tropa de húsares (tropa de caballería muy utilizadas en Centro Europa) para explorar la zona y así saber si los otomanos estaban al acecho.

Unidad de caballería Húsar

Los húsares recorrieron varias veces el territorio, y no dieron con ningún turco ni nada que se les pareciese, pero lo que si encontraron en su camino fue a un grupo de gitanos que vendían barriles de aguardiente. Aburridos y sabiendo que el enemigo tardaría en llegar, no se les ocurrió otra cosa que comprarles a los gitanos todos los barriles de aguardiente que vendían y comenzar a beber como si no hubiese un mañana.
Jose II preocupado al no saber nada de sus jinetes por varias horas decidió enviar a una unidad de infantería compuesta por soldados eslavos y lombardos en busca de los jinetes o bien de los otomanos (tenemos que entender que el Sacro Imperio Romano Germánico era muy extenso y estaba compuesto por una amalgama de nacionalidades y lenguas).
Después de investigar el terreno los infantes encontraron a los húsares en medio del campo en un estado de embriaguez considerable, los eslavos y lombardos al ver aquello no tardaron en reclamar su parte de alcohol, cosa que a los jinetes no les hizo ninguna gracia y formaron una barricada alrededor de su preciado licor.

Barriles de licor 

Infantes y jinetes comenzaron a insultarse en sus lenguas maternas, la tensión comenzó a crecer entre ellos, hasta que uno de los húsares tuvo la gran idea de disparar al aire para bajar los ánimos de la infantería.
El caos estaba servido, los eslavos comenzaron a gritar Turci! Turci! (los turcos, los turcos) ya que creía que el disparo había sido llevado a cabo por un tirador otomano. Los infantes comenzaron a correr, los oficiales austriacos en un intento de tranquilizar a las tropas comenzaron a pedir que se detuvieran utilizando la palabra alemana Halt! Halt! (alto, alto) lo que los soldados confundieron con la palabra Alá (grito de guerra que utilizaba el ejército otomano) y en ese momento todo se desmadró. Los húsares montaron a caballo y huyeron aplastando a los infantes, los infantes atacaron a los jinetes y los persiguieron, en ese momento otra unidad de húsares llegaba a la zona y viendo a sus compañeros perseguidos por tropas de infantería, no dudaron que esos hombres eran turcos y cargaron sable en mano, al mismo tiempo la carga de los húsares fue vista por una unidad de artillería, y al estar la zona ya bastante oscura por estar muy avanzado el día y confundiendo a sus propias tropas con los musulmanes comenzaron a disparar sobre los soldados que luchaban entre si provocando una autentica carnicería.

Artillería siglo XVIII

El grito de que ¡llegaba el turco! llegó hasta el campamento base, cosa que asustó a los soldados que comenzaron a correr arriba y abajo viendo turcos por todos lados y disparando a todo lo que se movía. En esta vorágine de locura y miedo, un grupo de caballos escapó en estampida destrozando todo a su pasó, José II salió de su tienda de campaña no sabiendo que pasaba, rápidamente montó a caballo y huyó junto a otros oficiales y en su huida cayó en una poza de barro y heces de animal.
Cuando todos los soldados huyeron lo que quedo en el campo de batalla fueron unos 10000 soldados muertos o mal heridos por lo que sería fuego amigo, un desastre en toda regla.
En definitiva el ejército germánico se autoinmoló a causa de una consecución de casualidades, de falta de comunicación y sobre todo por culpa de unos barriles de alcohol que como tantas veces lleva a los humanos a cometer las más grandes estupideces.

Cuando llegó el ejército turco tan solo tuvieron que ocupar el terreno y de este modo pudieron atravesar la frontera del Danubio sin tener que disparar ni un solo tiro y sin tener que desenvainar ni un solo sable. 

Ejército Otomano